jueves, 31 de enero de 2013
sábado, 26 de enero de 2013
Please horn
Mi alma y yo llegamos a la India. Bah, yo llegué, mi alma creo que todavía no. Los que definitivamente llegaron son mis ojos y mis oídos, que no pueden creerlo.
El viaje en taxi del aeropuerto al hotel en la oscuridad de la madrugada me deja vislumbrar algunas cosas: puestos de comida ya funcionando, gente durmiendo en la calle en cantidades inimaginadas, vacas, muchas (vacas sagradas, me dice el taxista, lo que me recuerda que en la valija tengo un llavero de cuero para mi amigo Raghav; y no pregunté cuando lo compré, pero seguro seguro es de vaca).
Llego al hotel a las siete de la mañana, casi sin dormir desde mi salida de Buenos Aires. Pienso que debería irme a la cama, pero si me acuesto no voy a levantarme en todo el día y a la noche no voy a dormir, y ya se sabe cómo sigue el cuento de nunca acabar de mis temitas con el sueño corrido. Para dormir de día ya tengo suficiente con la rutina diaria. Aparte tengo solo dos días en Bombay y parece que hay mucho para ver.
Pido un mapa en el hotel pero no tienen (hotel cuya habitación tenía un aire acondicionado adentro del cual dos palomas estuvieron definitivamente teniendo sexo durante todo el tiempo que estuve ahí). Salgo a la calle. Decido ir para la Puerta de India, un arco enorme construido sobre el Mar Arábigo durante la época de dominio británico para recibir al rey George V y su señora esposa Mary en su visita de 1911, y convertido desde entonces en la puerta de entrada ceremonial de todos los miembros de la realeza. Además, es como el centro neurálgico del sur de Bombay, que es la parte más turística, así que imagino que ahí debe haber un punto de información o algo así. No tengo mapa, pero me funciona el GPS del celular, que no me abandona nunca. Empiezo a caminar. La calle es la locura más grande que vi en mi vida. Estuve 12 minutos para cruzar la primera esquina. Es como si los semáforos no existieran, ni sé para qué están (seguro los pusieron ahí los ingleses, porque los inventaron ellos, obvio). Los autos y motos vienen de todas las direcciones, y no paran de tocar bocina. De verdad no paran. Ni un segundo. Más tarde vi en la ruta que todos los camiones tienen atrás un cartel que dice "Por favor toque bocina". Raghav me explicó que acá las bocinas no son para que te corras o te apures: cumplen otra función, que sería más o menos la de decir "Acá estoy yo" ("y la tengo más grande que vos", pienso yo). Y además de no parar, los automovilistas te insultan cuando querés cruzar la calle (¡con el semáforo a tu favor!). Me sentí un poco pecadora por ser peatón. Debe ser que hay alguna regla para cruzar que todavía no entendí.
Después de una hora de caminar anonadada llego a la Puerta de India. No había punto de información turística como yo esperaba. Sí había mucho smog (así que las fotos de ahí mejor ni se las muestro), y mucha gente queriendo venderte cosas. Entre todo lo que te vendían había una suerte de agentes de turismo improvisados que te ofrecían tours de 3 o 4 horas en taxi para recorrer la ciudad. Me dan un papelito que ofrece unas diez atracciones. Apenas las leí por encima, pero diez me pareció un buen número. Abajo de la lista dice que el precio es el mismo de 1 a 3 personas. Lo pienso un ratito y me digo que, después de la experiencia para llegar al punto en el que me encontraba, me iba a llevar unos dos o tres días hacer ese recorrido por mi cuenta. Miro alrededor a ver si veía a alguien con quien pudiera compartir el tour. Veo a una chica sola, europea, pensativa, dubitativa, contemplativa. Pienso en proponerle hacer el recorrido conmigo y compartir el gasto, pero me dio vergüenza. Sí, yo, Victoria Rusconi, tuve vergüenza de dirigirle la palabra a una europea en Bombay. Creo que me intimidó. Era demasiado alta y demasiado rubia. Chequeo con Raghav por whatsapp a ver qué le parece, y me dice que bueno, que me suba, pero que le copie la patente del taxi. Oh, sagrada tecnología, que velas por mí, eterna seas por siempre.
El paseo en taxi fue maratónico: templo jainista, casa de Gandhi, lavadero a cielo abierto donde 700 hombres lavan manualmente en unos piletones de cemento la ropa y sábanas de los hoteles ("very hard work for women, no women here", me dice mi guía), parques, costanera. En todos y cada uno de los puntos en que paramos estaba la rubia, haciendo exactamente el mismo recorrido que yo con otro conductor. Era obvio que estaba dubitativa porque pensaba, como yo, si subirse o no a ese taxi. Era tan obvio.
Al final del tour me llevan a un local "famous for souvenirs (made by poor people)". Así versa la lista de atracciones del paseo. Chantas hay en todos lados, qué lo parió. Había cosas lindas, pero me indigné mucho y no compré nada.
En mi segundo día en India ya había visto toda la pobreza y toda la riqueza que jamás haya visto. Tal vez vea más de las dos. Espero que no. A la mañana estuve en la villa pesquera, donde hombres, mujeres y niños trabajan al rayo del sol,
y a la noche en el hotel The Leela, uno de los más lujosos de la ciudad, como dama de compañía de Raghav en un casamiento arreglado al que tuvo que ir de compromiso. No saqué fotos porque iba a quedar medio cholula, pero este es el hotel:
Este evento social fue de improviso, pero por suerte yo ya venía equipada para el otro casamiento que tengo dentro de dos semanas (y en el que gracias al cielo el público se renueva y no me van a ver con el mismo vestido). En este los novios, que pertenecen a dos de las familias más ricas de la ciudad (billonarios, me dijo Raghav, que me pareció un poco exagerado hasta que vi con mis propios ojos lo que era esa fiesta), se conocieron hace dos semanas. ¡Dos semanas! Y tenían una cara de enamorados que ni les cuento.
El 70% de los casamientos en India son arreglados por las familias. "¿Y el amor?", pregunto. "El amor acá viene después del casamiento", me dicen. "Ah, mirá". Si para los 26 o 27 no te casaste es que hay algo que no va bien. Y si por casualidad sos del 30% que se enamora y decide con quién casarse, más te vale que sea de la misma casta, sino estás en serios problemas (me dijo mi otro amigo local, Mayank, que si vivís muy en el interior y te hacés el loco eligiendo a tu pareja te pueden matar. Cuestión de honor, me dijo. Waw). Y ni se te ocurra con alguien de otra religión.
A mi amigo Raghav, que está medio complicado porque tiene 27 y todavía no se casó, la familia le encontró una futura esposa hace dos semanas. Se llama Ria y es hermosa. Está muerto de miedo, pero dice que él y ella son de familias compatibles que se conocen de siempre, y nadie mejor que la familia para encontrar a alguien adecuado para su hijo, así que debería funcionar. Además, me dijo, estadísticamente los matrimonios arreglados se rompen menos que los otros. Pidió un año antes de la ceremonia oficial de anuncio del casamiento, pero solo le dieron nueve meses, hasta octubre. Tuvo suerte al lado de los billonarios.
Tengo fotos, muchas, y ya estoy en el desierto, que es fantástico. Pero acá todavía no encontré una computadora que lea mis tarjetas de memoria o el usb. En cuanto pueda ilustro los relatos.
El viaje en taxi del aeropuerto al hotel en la oscuridad de la madrugada me deja vislumbrar algunas cosas: puestos de comida ya funcionando, gente durmiendo en la calle en cantidades inimaginadas, vacas, muchas (vacas sagradas, me dice el taxista, lo que me recuerda que en la valija tengo un llavero de cuero para mi amigo Raghav; y no pregunté cuando lo compré, pero seguro seguro es de vaca).
Llego al hotel a las siete de la mañana, casi sin dormir desde mi salida de Buenos Aires. Pienso que debería irme a la cama, pero si me acuesto no voy a levantarme en todo el día y a la noche no voy a dormir, y ya se sabe cómo sigue el cuento de nunca acabar de mis temitas con el sueño corrido. Para dormir de día ya tengo suficiente con la rutina diaria. Aparte tengo solo dos días en Bombay y parece que hay mucho para ver.
Pido un mapa en el hotel pero no tienen (hotel cuya habitación tenía un aire acondicionado adentro del cual dos palomas estuvieron definitivamente teniendo sexo durante todo el tiempo que estuve ahí). Salgo a la calle. Decido ir para la Puerta de India, un arco enorme construido sobre el Mar Arábigo durante la época de dominio británico para recibir al rey George V y su señora esposa Mary en su visita de 1911, y convertido desde entonces en la puerta de entrada ceremonial de todos los miembros de la realeza. Además, es como el centro neurálgico del sur de Bombay, que es la parte más turística, así que imagino que ahí debe haber un punto de información o algo así. No tengo mapa, pero me funciona el GPS del celular, que no me abandona nunca. Empiezo a caminar. La calle es la locura más grande que vi en mi vida. Estuve 12 minutos para cruzar la primera esquina. Es como si los semáforos no existieran, ni sé para qué están (seguro los pusieron ahí los ingleses, porque los inventaron ellos, obvio). Los autos y motos vienen de todas las direcciones, y no paran de tocar bocina. De verdad no paran. Ni un segundo. Más tarde vi en la ruta que todos los camiones tienen atrás un cartel que dice "Por favor toque bocina". Raghav me explicó que acá las bocinas no son para que te corras o te apures: cumplen otra función, que sería más o menos la de decir "Acá estoy yo" ("y la tengo más grande que vos", pienso yo). Y además de no parar, los automovilistas te insultan cuando querés cruzar la calle (¡con el semáforo a tu favor!). Me sentí un poco pecadora por ser peatón. Debe ser que hay alguna regla para cruzar que todavía no entendí.
Después de una hora de caminar anonadada llego a la Puerta de India. No había punto de información turística como yo esperaba. Sí había mucho smog (así que las fotos de ahí mejor ni se las muestro), y mucha gente queriendo venderte cosas. Entre todo lo que te vendían había una suerte de agentes de turismo improvisados que te ofrecían tours de 3 o 4 horas en taxi para recorrer la ciudad. Me dan un papelito que ofrece unas diez atracciones. Apenas las leí por encima, pero diez me pareció un buen número. Abajo de la lista dice que el precio es el mismo de 1 a 3 personas. Lo pienso un ratito y me digo que, después de la experiencia para llegar al punto en el que me encontraba, me iba a llevar unos dos o tres días hacer ese recorrido por mi cuenta. Miro alrededor a ver si veía a alguien con quien pudiera compartir el tour. Veo a una chica sola, europea, pensativa, dubitativa, contemplativa. Pienso en proponerle hacer el recorrido conmigo y compartir el gasto, pero me dio vergüenza. Sí, yo, Victoria Rusconi, tuve vergüenza de dirigirle la palabra a una europea en Bombay. Creo que me intimidó. Era demasiado alta y demasiado rubia. Chequeo con Raghav por whatsapp a ver qué le parece, y me dice que bueno, que me suba, pero que le copie la patente del taxi. Oh, sagrada tecnología, que velas por mí, eterna seas por siempre.
El paseo en taxi fue maratónico: templo jainista, casa de Gandhi, lavadero a cielo abierto donde 700 hombres lavan manualmente en unos piletones de cemento la ropa y sábanas de los hoteles ("very hard work for women, no women here", me dice mi guía), parques, costanera. En todos y cada uno de los puntos en que paramos estaba la rubia, haciendo exactamente el mismo recorrido que yo con otro conductor. Era obvio que estaba dubitativa porque pensaba, como yo, si subirse o no a ese taxi. Era tan obvio.
Al final del tour me llevan a un local "famous for souvenirs (made by poor people)". Así versa la lista de atracciones del paseo. Chantas hay en todos lados, qué lo parió. Había cosas lindas, pero me indigné mucho y no compré nada.
En mi segundo día en India ya había visto toda la pobreza y toda la riqueza que jamás haya visto. Tal vez vea más de las dos. Espero que no. A la mañana estuve en la villa pesquera, donde hombres, mujeres y niños trabajan al rayo del sol,
y a la noche en el hotel The Leela, uno de los más lujosos de la ciudad, como dama de compañía de Raghav en un casamiento arreglado al que tuvo que ir de compromiso. No saqué fotos porque iba a quedar medio cholula, pero este es el hotel:
Este evento social fue de improviso, pero por suerte yo ya venía equipada para el otro casamiento que tengo dentro de dos semanas (y en el que gracias al cielo el público se renueva y no me van a ver con el mismo vestido). En este los novios, que pertenecen a dos de las familias más ricas de la ciudad (billonarios, me dijo Raghav, que me pareció un poco exagerado hasta que vi con mis propios ojos lo que era esa fiesta), se conocieron hace dos semanas. ¡Dos semanas! Y tenían una cara de enamorados que ni les cuento.
El 70% de los casamientos en India son arreglados por las familias. "¿Y el amor?", pregunto. "El amor acá viene después del casamiento", me dicen. "Ah, mirá". Si para los 26 o 27 no te casaste es que hay algo que no va bien. Y si por casualidad sos del 30% que se enamora y decide con quién casarse, más te vale que sea de la misma casta, sino estás en serios problemas (me dijo mi otro amigo local, Mayank, que si vivís muy en el interior y te hacés el loco eligiendo a tu pareja te pueden matar. Cuestión de honor, me dijo. Waw). Y ni se te ocurra con alguien de otra religión.
A mi amigo Raghav, que está medio complicado porque tiene 27 y todavía no se casó, la familia le encontró una futura esposa hace dos semanas. Se llama Ria y es hermosa. Está muerto de miedo, pero dice que él y ella son de familias compatibles que se conocen de siempre, y nadie mejor que la familia para encontrar a alguien adecuado para su hijo, así que debería funcionar. Además, me dijo, estadísticamente los matrimonios arreglados se rompen menos que los otros. Pidió un año antes de la ceremonia oficial de anuncio del casamiento, pero solo le dieron nueve meses, hasta octubre. Tuvo suerte al lado de los billonarios.
Tengo fotos, muchas, y ya estoy en el desierto, que es fantástico. Pero acá todavía no encontré una computadora que lea mis tarjetas de memoria o el usb. En cuanto pueda ilustro los relatos.
domingo, 20 de enero de 2013
Escala
Aeropuerto de Atatürk. 19 de enero. 21.30 hs
El vuelo (largo vuelo si los tuve) llegó puntualísimo. Me esperaba, supuestamente, el Atatürk Airport Shuttle que había reservado por la módica suma de 10 euros. ¡Qué genial! Me iban a estar esperando con un cartelito con mi nombre como a los empresarios. No, no me iban a estar esperando nada. Desde afuera debe verse muy ridícula la imagen de alguien transitando una y otra vez el frente amplio de choferes que esperan, cartel en mano, a sus pasajeros. ¿Será que hice los trámites de aduana y migraciones demasiado rápido? Reviso la hilera de nuevo. Nada. ¿Será que escribieron mal mi nombre y por eso no lo reconocí en el cartel inmediatamente? Paso de nuevo. Nada de nada.
Diez de la noche. Estambul. Aceptar que se olvidaron de venir a buscarte.
Por suerte estaban ahí todos mis potenciales novios los turcos para ayudarme. Se peleaban entre ellos para ver quién llamaba a la empresa del transfer que tenía que venir a buscarme para ver qué había pasado. Si quieren pueden pensar que se peleaban tanto porque estaban como buitres disputándose quién iba a terminar convenciéndome de llevarme en su taxi (y cobrarme, claro, mucho más caro que el transfer popular y colectivo que yo pensaba tomar). Piensen lo que quieran. Yo prefiero pensar que se peleaban por simple altruismo y por las ganas de pasar un viaje de treinta minutos charlando con una enviada de tierras lejanas. Yo prefiero pensar eso no solo porque conozco el final de esta historia: ya lo pensaba cuando estaba ante todo ese conglomerado de belleza otomana aeroportuaria ante mí (algo así como un harem pero al revés).
Cuestión que llamamos pero el transfer nunca se dignó a venir (yo tenía código de reserva y todo, parecía una cosa seria...). Creo que, de no haber estado frente a ellos, los muchachos se hubiesen reído de esta pobre incrédula que pensó que una camioneta baratonga era comparable al servicio de calidad y confort que ellos ofrecían.
En un pacto implícito entre todos los taxistas y yo, decidimos que los del shuttle se podían ir bien a freír churros y que yo me iba con el churro que se tomó el trabajo de llamar, insultar (creo, porque todavía no domino bien el turco), y pasarme el teléfono para que yo también insultara al genio que organiza los transfers (de esta parte sí estoy segura).
''Estoy esperando a una pareja de europeos que van a un hotel cerca del tuyo. Vos no digas nada y cualquier cosa decimos que sos mi amiga y que me estás acompañando'', me dice. Porque, claro, a los señores pasajeros no les iba a gustar nada que le metieran a otra en su auto exclusivo y privado por el que iban a pagar el triple de lo que yo hubiese pagado por mi no shuttle.
Subo adelante. Soy copiloto. Autopista. Velocidad. Luces. Charla que te charla. Messi. Maradona. Nombro al Beşiktaş. Digo que en el 2009 ganaron la Super Liga y la Copa Turca dejando afuera al Fenerbahçe. Descollo con mis conocimientos de fútbol turco. Dejamos a los alemanes. Llegamos a mi hotel. ¿Cuánto te debo? Nada. ¿Cómo nada, no eran treinta euros? No, nada, dejá. Felicidad. Me bajo del auto. Me baja la valija. Saludo cálido. Chau. Chau. Bienvenida. Que tengas buen viaje. Gracias. Sonrisas. Mezquita Azul iluminada al fondo de la calle.
Qué lindo que es irse de vacaciones a un nuevo lugar pero antes pasar un ratito por Estambul.
Santa Sofía de mañanita
martes, 15 de enero de 2013
Un, dos, tres, probando.
¡Hola y bienvenidos, primeros suscriptores!
Esta es una entrada que se autodestruirá en breve, y que solo persigue el fin de verificar que las suscripciones estén funcionando bien. No sea cosa que una ande buscando por todos lados dispositivos electrónicos para actualizar su primer blog, y que finalmente la cosa no funcione.
Como este es un blog sobre un viaje a la India, y para no perder el hilo de la cuestión, les dejo una imagen ilustrativa para el deleite de todos.
De la película A Passage to India, basada en la novela homónima de E. M. Forster, bibliografía iluminadora en los días previos a mi partida.
Esta es una entrada que se autodestruirá en breve, y que solo persigue el fin de verificar que las suscripciones estén funcionando bien. No sea cosa que una ande buscando por todos lados dispositivos electrónicos para actualizar su primer blog, y que finalmente la cosa no funcione.
Como este es un blog sobre un viaje a la India, y para no perder el hilo de la cuestión, les dejo una imagen ilustrativa para el deleite de todos.
De la película A Passage to India, basada en la novela homónima de E. M. Forster, bibliografía iluminadora en los días previos a mi partida.
domingo, 13 de enero de 2013
Pasaje a la India
9
¡Pasaje a más que la India!
¿Están tus plumas emplumadas en verdad para tan lejanos vuelos?
Oh alma, ¿viajas en verdad viajes como ésos?
¿Retozaste en aguas tales como ésas?
¿Sondeaste bajo el sánscrito y los Vedas?
Da rienda suelta entonces a tus inclinaciones.
¡Pasaje hacia vosotros, vuestras costas, feroces enigmas añejos!
¡Pasaje hacia vosotros, al dominio de vosotros, problemas asfixiantes!
Vosotros, sembrados de las ruinas de esqueletos, que, en vida, jamás os alcanzaron.
¡Pasaje a más que la India!
¡Oh secreto de la tierra y el cielo!
¡De vosotras Oh aguas del mar! ¡Oh arroyos y ríos serpenteantes!
¡De vosotros Oh bosques y campos! ¡de vosotras vigorosas montañas de mi tierra!
¡De vosotras Oh praderas! ¡de vosotras grises rocas!
¡Oh rojo matinal! ¡Oh nubes! ¡Oh lluvia y nieves!
¡Oh día y noche, pasaje hacia vosotros!
¡Oh sol y lluvia y astros todos! ¡Sirio y Júpiter!
¡Pasaje hacia vosotros!
¡Pasaje, pasaje inmediato! ¡La sangre arde en mis venas!
¡En marcha Oh alma! ¡leva el ancla al instante!
¡Corta las guindalezas, jala, despliega toda vela!
¿No hemos estado aquí de pie en el suelo como árboles bastante largamente?
¿No nos hemos arrastrado aquí bastante largamente, comiendo y bebiendo como meras bestias?
¿No nos hemos ensombrecido y encandilado con libros bastante largamente?
Navega, pilotea únicamente hacia las aguas profundas,
Temerarios, Oh alma, explorando yo contigo, y tú conmigo,
Pues nuestro rumbo es hacia donde no ha osado todavía ningún marino ir,
Y vamos a arriesgar el barco, a nosotros y todo.
¡Oh alma mía valerosa!
¡Oh más lejos más lejos navega!
¡Oh gozo audaz, pero salvo! ¿no son de Dios todos los mares?
¡Oh más lejos, más lejos, más lejos navega!
Walt Whitman. "Pasaje a la India", en Hojas de hierba
9
Passage to more than India!
Are thy wings plumed indeed for such far flights?
O soul, voyagest thou indeed on voyages like those?
Disportest thou on waters such as those?
Soundest below the Sanscrit and the Vedas?
Then have thy bent unleash'd.
Passage to you, your shores, ye aged fierce enigmas!
Passage to you, to mastership of you, ye strangling problems!
You, strew'd with the wrecks of skeletons, that, living, never reach'd you.
Passage to more than India!
O secret of the earth and sky!
Of you O waters of the sea! O winding creeks and rivers!
Of you O woods and fields! of you strong mountains of my land!
Of you O prairies! of you gray rocks!
O morning red! O clouds! O rain and snows!
O day and night, passage to you!
O sun and moon and all you stars! Sirius and Jupiter!
Passage to you!
Passage, immediate passage! the blood burns in my veins!
Away O soul! hoist instantly the anchor!
Cut the hawsers--haul out--shake out every sail!
Have we not stood here like trees in the ground long enough?
Have we not grovel'd here long enough, eating and drinking like mere brutes?
Have we not darken'd and dazed ourselves with books long enough?
Sail forth--steer for the deep waters only,
Reckless O soul, exploring, I with thee, and thou with me,
For we are bound where mariner has not yet dared to go,
And we will risk the ship, ourselves and all.
O my brave soul!
O farther farther sail!
O daring joy, but safe! are they not all the seas of God?
O farther, farther, farther sail!
Walt Whitman. "Passage to India", in Leaves of grass.
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