miércoles, 20 de febrero de 2013

Prohibido tocar

They think we are dirt because we clean their dirt.
Mulk Raj Anand, Untouchable


En la India hay cuatro castas principales sobre las cuales el hinduismo construye la base de su estratificación social. Estas subdivisiones existen hace más de dos mil años, y se cree que los seres humanos pertenecientes a cada una de ellas fueron creados de una parte diferente del cuerpo de Brahma, que es como el más capo de todos los dioses del hinduismo. La casta más alta salió de la boca de Brahma, y está conformada por los sacerdotes y profesores; la clase guerrera y política salió de los hombros, los comerciantes nacieron de las caderas y los siervos de sus pies.  Por fuera de estas clases están los llamados intocables, personas que hacen trabajos tan bajos y desagradables que ni siquiera merecen pertenecer a una casta. Son los granjeros pobres, los limpiadores de letrinas, los lavadores de ropa, y son a menudo víctimas de actos de extrema discriminación y violencia. 
"Pero, ¿por qué les decís intocables?", le pregunto a Raghav. "Yo no les digo así, se llaman así desde hace mucho tiempo". "Ah, ¿y a nadie se le ocurrió todavía cambiarles el nombre? ¿O no ponerles ningún nombre?". "Sí, el nombre oficial es Dalits, pero casi nadie los llama así". "Ah". "Pero los intocables pueden dejar de serlo, pueden estudiar y acceder a buenos trabajos, y si tienen plata van a ser respetados". (A mí Wikipedia me dijo que este sistema de estratificación social es hereditario y determina con quién podés casarte, qué clase de trabajos podés realizar, cuál es tu estatus social y cuánto respeto merecés ante el resto de los mortales. Y que históricamente los intocables daban tanto asco que las clases más altas evitaban incluso el contacto con sus sombras. Esta señora llegó bastante lejos, pero no la pasó muy bien me parece. Creerle a tu amigo o creerle a Wikipedia).

Unos días más tarde, alguien a quien acá llamarían intocable pero que en verdad se llama Pep Singh me convenció de que todavía no había suficiente desierto en mis ojos y me propuso ir a pasar tres días en camello a las dunas, en algún lugar no muy lejos de la frontera con Pakistán. Así que le agradecí a mi chofer por los servicios prestados, lo liberé tres días antes, renuncié a los dos días de shopping que tenía programados en Delhi, me quedé en Jaisalmer y me embarqué hacia el desierto










  

 




Más sobre los Dalits:
http://news.nationalgeographic.com/news/2003/06/0602_030602_untouchables.html
http://www.bbc.co.uk/news/world-asia-india-18394914
http://www.independent.co.uk/news/world/asia/indias-untouchables-turn-to-buddhism-in-protest-at-discrimination-by-hindus-419870.html
 

viernes, 1 de febrero de 2013

La ruta (o cómo llegar al desierto)

Ahora sí. Después de varias jornadas de muchas horas de ruta por día, llegué al desierto. Y la ruta me provoca sentimientos muy encontrados.
Por un lado me muero de miedo, porque es como estar muchas horas en un juego de parque de diversiones mezcla de montaña rusa, autitos chocadores y tren fantasma. Un parque de diversiones que de divertido no tiene nada, y desde que me subo no veo la hora de llegar. Con suerte hay dos carriles, uno de ida y otro de vuelta, pero rara vez se respeta la mano en la que se tiene que ir (a veces hay un solo carril, y ahí arreglatelas como puedas). Algunas carreteras están muy bien y otras muy desastrosas, pero en unas y otras los autos se pasan sin mirar demasiado quién viene de frente (y siempre viene alguien de frente, muchas veces camiones, que son tan graciosos que no se corren hasta que no están a unos cinco metros, y te clavan la bocina de manera tal que sentís que te la vas a poner en cualquier momento). Al tránsito y las bocinas hay que sumarle todo tipo de animales que andan por la ruta como pancho por su casa, la mayoría de las veces vacas no muy decididas a correrse del camino. La mayoría de las vacas en estas partes del mundo tienen joroba; debe ser porque por estas tierras los camellos son muy lindos. Lo que no sé es si las vacas deformes también serán sagradas.
Pienso al menos una vez por minuto en pedirle a mi chofer si puede tocar un poco menos la bocina, pero me digo que mejor no meterme, que acá se estila así. Aparte no me entendería, porque él no habla inglés y yo definitivamente no hablo hindi. Todo lo que le entendí fue el primer día, que me preguntó "what's your business, ma'am?" Business? Madam? Lo qué? Para entender preguntas de ese tipo mejor no entender nada. Así que a partir de hoy decidí ponerme música bien fuerte y violenta mientras esté en la ruta, como la situación amerita, y se acabó la historia de la bocina.
Pero por otro lado me gusta. Es todo tan colorido y distinto, y hay tanta gente al costado del camino, que no es muy difícil abstraerse de la violencia de la ruta. Hasta los espantapájaros tienen turbantes de colores. Es tan lindo pasar por los pueblos, con todos sus animales sueltos, y toda su gente alrededor como si ahí no hubiese ninguna ruta. Cuando pasamos por estos poblados la gente me mira sorprendida, algunos me sonríen y me saludan, porque estamos todos de acuerdo en que acá la distinta soy yo. Yo bajo la ventanilla, sonrío, los saludo, me lleno la cara de polvo y sol recalcitrante, y quiero que la ruta no se termine nunca.