Mi alma y yo llegamos a la India. Bah, yo llegué, mi alma creo que todavía no. Los que definitivamente llegaron son mis ojos y mis oídos, que no pueden creerlo.
El viaje en taxi del aeropuerto al hotel en la oscuridad de la madrugada me deja vislumbrar algunas cosas: puestos de comida ya funcionando, gente durmiendo en la calle en cantidades inimaginadas, vacas, muchas (vacas sagradas, me dice el taxista, lo que me recuerda que en la valija tengo un llavero de cuero para mi amigo Raghav; y no pregunté cuando lo compré, pero seguro seguro es de vaca).
Llego al hotel a las siete de la mañana, casi sin dormir desde mi salida de Buenos Aires. Pienso que debería irme a la cama, pero si me acuesto no voy a levantarme en todo el día y a la noche no voy a dormir, y ya se sabe cómo sigue el cuento de nunca acabar de mis temitas con el sueño corrido. Para dormir de día ya tengo suficiente con la rutina diaria. Aparte tengo solo dos días en Bombay y parece que hay mucho para ver.
Pido un mapa en el hotel pero no tienen (hotel cuya habitación tenía un aire acondicionado adentro del cual dos palomas estuvieron definitivamente teniendo sexo durante todo el tiempo que estuve ahí). Salgo a la calle. Decido ir para la Puerta de India, un arco enorme construido sobre el Mar Arábigo durante la época de dominio británico para recibir al rey George V y su señora esposa Mary en su visita de 1911, y convertido desde entonces en la puerta de entrada ceremonial de todos los miembros de la realeza. Además, es como el centro neurálgico del sur de Bombay, que es la parte más turística, así que imagino que ahí debe haber un punto de información o algo así. No tengo mapa, pero me funciona el GPS del celular, que no me abandona nunca. Empiezo a caminar. La calle es la locura más grande que vi en mi vida. Estuve 12 minutos para cruzar la primera esquina. Es como si los semáforos no existieran, ni sé para qué están (seguro los pusieron ahí los ingleses, porque los inventaron ellos, obvio). Los autos y motos vienen de todas las direcciones, y no paran de tocar bocina. De verdad no paran. Ni un segundo. Más tarde vi en la ruta que todos los camiones tienen atrás un cartel que dice "Por favor toque bocina". Raghav me explicó que acá las bocinas no son para que te corras o te apures: cumplen otra función, que sería más o menos la de decir "Acá estoy yo" ("y la tengo más grande que vos", pienso yo). Y además de no parar, los automovilistas te insultan cuando querés cruzar la calle (¡con el semáforo a tu favor!). Me sentí un poco pecadora por ser peatón. Debe ser que hay alguna regla para cruzar que todavía no entendí.
Después de una hora de caminar anonadada llego a la Puerta de India. No había punto de información turística como yo esperaba. Sí había mucho smog (así que las fotos de ahí mejor ni se las muestro), y mucha gente queriendo venderte cosas. Entre todo lo que te vendían había una suerte de agentes de turismo improvisados que te ofrecían tours de 3 o 4 horas en taxi para recorrer la ciudad. Me dan un papelito que ofrece unas diez atracciones. Apenas las leí por encima, pero diez me pareció un buen número. Abajo de la lista dice que el precio es el mismo de 1 a 3 personas. Lo pienso un ratito y me digo que, después de la experiencia para llegar al punto en el que me encontraba, me iba a llevar unos dos o tres días hacer ese recorrido por mi cuenta. Miro alrededor a ver si veía a alguien con quien pudiera compartir el tour. Veo a una chica sola, europea, pensativa, dubitativa, contemplativa. Pienso en proponerle hacer el recorrido conmigo y compartir el gasto, pero me dio vergüenza. Sí, yo, Victoria Rusconi, tuve vergüenza de dirigirle la palabra a una europea en Bombay. Creo que me intimidó. Era demasiado alta y demasiado rubia. Chequeo con Raghav por whatsapp a ver qué le parece, y me dice que bueno, que me suba, pero que le copie la patente del taxi. Oh, sagrada tecnología, que velas por mí, eterna seas por siempre.
El paseo en taxi fue maratónico: templo jainista, casa de Gandhi, lavadero a cielo abierto donde 700 hombres lavan manualmente en unos piletones de cemento la ropa y sábanas de los hoteles ("very hard work for women, no women here", me dice mi guía), parques, costanera. En todos y cada uno de los puntos en que paramos estaba la rubia, haciendo exactamente el mismo recorrido que yo con otro conductor. Era obvio que estaba dubitativa porque pensaba, como yo, si subirse o no a ese taxi. Era tan obvio.
Al final del tour me llevan a un local "famous for souvenirs (made by poor people)". Así versa la lista de atracciones del paseo. Chantas hay en todos lados, qué lo parió. Había cosas lindas, pero me indigné mucho y no compré nada.
En mi segundo día en India ya había visto toda la pobreza y toda la riqueza que jamás haya visto. Tal vez vea más de las dos. Espero que no. A la mañana estuve en la villa pesquera, donde hombres, mujeres y niños trabajan al rayo del sol,
y a la noche en el hotel The Leela, uno de los más lujosos de la ciudad, como dama de compañía de Raghav en un casamiento arreglado al que tuvo que ir de compromiso. No saqué fotos porque iba a quedar medio cholula, pero este es el hotel:
Este evento social fue de improviso, pero por suerte yo ya venía equipada para el otro casamiento que tengo dentro de dos semanas (y en el que gracias al cielo el público se renueva y no me van a ver con el mismo vestido). En este los novios, que pertenecen a dos de las familias más ricas de la ciudad (billonarios, me dijo Raghav, que me pareció un poco exagerado hasta que vi con mis propios ojos lo que era esa fiesta), se conocieron hace dos semanas. ¡Dos semanas! Y tenían una cara de enamorados que ni les cuento.
El 70% de los casamientos en India son arreglados por las familias. "¿Y el amor?", pregunto. "El amor acá viene después del casamiento", me dicen. "Ah, mirá". Si para los 26 o 27 no te casaste es que hay algo que no va bien. Y si por casualidad sos del 30% que se enamora y decide con quién casarse, más te vale que sea de la misma casta, sino estás en serios problemas (me dijo mi otro amigo local, Mayank, que si vivís muy en el interior y te hacés el loco eligiendo a tu pareja te pueden matar. Cuestión de honor, me dijo. Waw). Y ni se te ocurra con alguien de otra religión.
A mi amigo Raghav, que está medio complicado porque tiene 27 y todavía no se casó, la familia le encontró una futura esposa hace dos semanas. Se llama Ria y es hermosa. Está muerto de miedo, pero dice que él y ella son de familias compatibles que se conocen de siempre, y nadie mejor que la familia para encontrar a alguien adecuado para su hijo, así que debería funcionar. Además, me dijo, estadísticamente los matrimonios arreglados se rompen menos que los otros. Pidió un año antes de la ceremonia oficial de anuncio del casamiento, pero solo le dieron nueve meses, hasta octubre. Tuvo suerte al lado de los billonarios.
Tengo fotos, muchas, y ya estoy en el desierto, que es fantástico. Pero acá todavía no encontré una computadora que lea mis tarjetas de memoria o el usb. En cuanto pueda ilustro los relatos.
El viaje en taxi del aeropuerto al hotel en la oscuridad de la madrugada me deja vislumbrar algunas cosas: puestos de comida ya funcionando, gente durmiendo en la calle en cantidades inimaginadas, vacas, muchas (vacas sagradas, me dice el taxista, lo que me recuerda que en la valija tengo un llavero de cuero para mi amigo Raghav; y no pregunté cuando lo compré, pero seguro seguro es de vaca).
Llego al hotel a las siete de la mañana, casi sin dormir desde mi salida de Buenos Aires. Pienso que debería irme a la cama, pero si me acuesto no voy a levantarme en todo el día y a la noche no voy a dormir, y ya se sabe cómo sigue el cuento de nunca acabar de mis temitas con el sueño corrido. Para dormir de día ya tengo suficiente con la rutina diaria. Aparte tengo solo dos días en Bombay y parece que hay mucho para ver.
Pido un mapa en el hotel pero no tienen (hotel cuya habitación tenía un aire acondicionado adentro del cual dos palomas estuvieron definitivamente teniendo sexo durante todo el tiempo que estuve ahí). Salgo a la calle. Decido ir para la Puerta de India, un arco enorme construido sobre el Mar Arábigo durante la época de dominio británico para recibir al rey George V y su señora esposa Mary en su visita de 1911, y convertido desde entonces en la puerta de entrada ceremonial de todos los miembros de la realeza. Además, es como el centro neurálgico del sur de Bombay, que es la parte más turística, así que imagino que ahí debe haber un punto de información o algo así. No tengo mapa, pero me funciona el GPS del celular, que no me abandona nunca. Empiezo a caminar. La calle es la locura más grande que vi en mi vida. Estuve 12 minutos para cruzar la primera esquina. Es como si los semáforos no existieran, ni sé para qué están (seguro los pusieron ahí los ingleses, porque los inventaron ellos, obvio). Los autos y motos vienen de todas las direcciones, y no paran de tocar bocina. De verdad no paran. Ni un segundo. Más tarde vi en la ruta que todos los camiones tienen atrás un cartel que dice "Por favor toque bocina". Raghav me explicó que acá las bocinas no son para que te corras o te apures: cumplen otra función, que sería más o menos la de decir "Acá estoy yo" ("y la tengo más grande que vos", pienso yo). Y además de no parar, los automovilistas te insultan cuando querés cruzar la calle (¡con el semáforo a tu favor!). Me sentí un poco pecadora por ser peatón. Debe ser que hay alguna regla para cruzar que todavía no entendí.
Después de una hora de caminar anonadada llego a la Puerta de India. No había punto de información turística como yo esperaba. Sí había mucho smog (así que las fotos de ahí mejor ni se las muestro), y mucha gente queriendo venderte cosas. Entre todo lo que te vendían había una suerte de agentes de turismo improvisados que te ofrecían tours de 3 o 4 horas en taxi para recorrer la ciudad. Me dan un papelito que ofrece unas diez atracciones. Apenas las leí por encima, pero diez me pareció un buen número. Abajo de la lista dice que el precio es el mismo de 1 a 3 personas. Lo pienso un ratito y me digo que, después de la experiencia para llegar al punto en el que me encontraba, me iba a llevar unos dos o tres días hacer ese recorrido por mi cuenta. Miro alrededor a ver si veía a alguien con quien pudiera compartir el tour. Veo a una chica sola, europea, pensativa, dubitativa, contemplativa. Pienso en proponerle hacer el recorrido conmigo y compartir el gasto, pero me dio vergüenza. Sí, yo, Victoria Rusconi, tuve vergüenza de dirigirle la palabra a una europea en Bombay. Creo que me intimidó. Era demasiado alta y demasiado rubia. Chequeo con Raghav por whatsapp a ver qué le parece, y me dice que bueno, que me suba, pero que le copie la patente del taxi. Oh, sagrada tecnología, que velas por mí, eterna seas por siempre.
El paseo en taxi fue maratónico: templo jainista, casa de Gandhi, lavadero a cielo abierto donde 700 hombres lavan manualmente en unos piletones de cemento la ropa y sábanas de los hoteles ("very hard work for women, no women here", me dice mi guía), parques, costanera. En todos y cada uno de los puntos en que paramos estaba la rubia, haciendo exactamente el mismo recorrido que yo con otro conductor. Era obvio que estaba dubitativa porque pensaba, como yo, si subirse o no a ese taxi. Era tan obvio.
Al final del tour me llevan a un local "famous for souvenirs (made by poor people)". Así versa la lista de atracciones del paseo. Chantas hay en todos lados, qué lo parió. Había cosas lindas, pero me indigné mucho y no compré nada.
En mi segundo día en India ya había visto toda la pobreza y toda la riqueza que jamás haya visto. Tal vez vea más de las dos. Espero que no. A la mañana estuve en la villa pesquera, donde hombres, mujeres y niños trabajan al rayo del sol,
y a la noche en el hotel The Leela, uno de los más lujosos de la ciudad, como dama de compañía de Raghav en un casamiento arreglado al que tuvo que ir de compromiso. No saqué fotos porque iba a quedar medio cholula, pero este es el hotel:
Este evento social fue de improviso, pero por suerte yo ya venía equipada para el otro casamiento que tengo dentro de dos semanas (y en el que gracias al cielo el público se renueva y no me van a ver con el mismo vestido). En este los novios, que pertenecen a dos de las familias más ricas de la ciudad (billonarios, me dijo Raghav, que me pareció un poco exagerado hasta que vi con mis propios ojos lo que era esa fiesta), se conocieron hace dos semanas. ¡Dos semanas! Y tenían una cara de enamorados que ni les cuento.
El 70% de los casamientos en India son arreglados por las familias. "¿Y el amor?", pregunto. "El amor acá viene después del casamiento", me dicen. "Ah, mirá". Si para los 26 o 27 no te casaste es que hay algo que no va bien. Y si por casualidad sos del 30% que se enamora y decide con quién casarse, más te vale que sea de la misma casta, sino estás en serios problemas (me dijo mi otro amigo local, Mayank, que si vivís muy en el interior y te hacés el loco eligiendo a tu pareja te pueden matar. Cuestión de honor, me dijo. Waw). Y ni se te ocurra con alguien de otra religión.
A mi amigo Raghav, que está medio complicado porque tiene 27 y todavía no se casó, la familia le encontró una futura esposa hace dos semanas. Se llama Ria y es hermosa. Está muerto de miedo, pero dice que él y ella son de familias compatibles que se conocen de siempre, y nadie mejor que la familia para encontrar a alguien adecuado para su hijo, así que debería funcionar. Además, me dijo, estadísticamente los matrimonios arreglados se rompen menos que los otros. Pidió un año antes de la ceremonia oficial de anuncio del casamiento, pero solo le dieron nueve meses, hasta octubre. Tuvo suerte al lado de los billonarios.
Tengo fotos, muchas, y ya estoy en el desierto, que es fantástico. Pero acá todavía no encontré una computadora que lea mis tarjetas de memoria o el usb. En cuanto pueda ilustro los relatos.

Esperando las fotos ansiosamente!!! Y más relatos !!!
ResponderEliminarMe gustó lo de familias compatibles, y lo de estadísticamente...
ResponderEliminarpero lo que más, es por favor toque bocina. Pregunta: ¿Le gustó el llavero al suertudo?
Sí, le gustó mucho. Me dijo que si su padre se enteraba de que posiblemente fuera de vaca nos colgaba. Creo que fue metafórico, pero yo por las dudas no pregunté.
EliminarIgual acá por suerte mi madre asegura que no es de vaca.
Mi amigo en Delhi, Mayank, me llamó ayer para contarme que a él también le encontraron una novia: se casa en junio. Acá dicen que está "off the market". Así que, me dijo, nuestro viaje juntos al Taj Mahal la semana que viene es secreto, no estoy autorizada a poner fotos suyas en facebook ni nada por el estilo.
ResponderEliminarParece que es época de compromisos por estos lados.
Que contraste!!! Me encantó el relato. ¿Así que el amor viene después del casamiento? Conseguime un marido, Rusconi!!!!
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